Los principios de vida de los pueblos indígenas, una alternativa para la comunicación


Escrito por Ronal Cubeo, Climate Change Mitigation Consultant


De los problemas que nos aquejan como humanidad, el más mediático es el de la pandemia denominada COVID 19. Sin duda, la expansión, magnitud y el impacto que ha tenido sobre países en diferentes estados de desarrollo industrial y tecnológico ha generado grandes retos, quizás uno de los más importantes sea el de la comunicación.

Me encomendaron la labor de redactar un pequeño escrito sobre “La importancia de la comunicación en época de COVID” y, a su vez relacionarlo con el concepto de MALOCA, en ese sentido, es necesario precisar el concepto y la connotación de MALOCA en los pueblos indígenas de la Amazonía colombiana. La Maloca tiene como mínimo tres funciones: primero, como espacio físico en el que habitan familias; segundo, como espacio vital para la cultura y cosmovisión de los pueblos indígenas, representa por excelencia el espacio de trasmisión del conocimiento de cada pueblo mediante la oralidad —desde los orígenes de cada ser vivo, la relación entre el hombre y los seres que lo rodean, así como la relación con los seres creadores que habitan en los otros espacios, los rituales de curación y los bailes tradicionales se realizan en este espacio —; tercero, como espacio político, es también un espacio de discusión sobre temas que atañen la organización y vida de los pueblos indígenas.

En materia de comunicación, cabe mencionar que los pueblos indígenas amazónicos, si bien presentan particularidades en su cosmovisión, también presentan elementos comunes. Uno de ellos es que para comunicarse entre sí mismos y con los demás, lo primero que se debe hacer es “ordenar el pensamiento” para poder trasmitir palabras que tengan contenido, contenido de vida.

¿Qué pueden aportar los pueblos indígenas en materia de comunicación ante la actual crisis por la pandemia? Lo primero que debemos mencionar es que, en la cosmovisión de los pueblos indígenas, la tierra y los seres vivos y demás elementos que la componen están íntimamente relacionados. En un principio, cuando el Ser Creador(a) dispuso cada ser, cada elemento, les asignó una función, al hombre le corresponde “administrar” de manera armónica esos elementos para mantener el orden que le fue dado. Las enfermedades son una consecuencia de la transgresión humana a esos esos principios, cuando el hombre mira la naturaleza como recursos y los recursos como mercancías susceptibles de ser explotadas, esa racionalidad altera los principios de vida del mundo indígena, y por lo tanto se generan cambios, con sus respectivas consecuencias.

En ese sentido, lo que en materia de comunicación pueden aportar los pueblos indígenas está ligado a la vida misma, y se remite a los principios de la vida, a retomar los canales de comunicación con la naturaleza y demás elementos que la componen de forma holística, a partir del principio de responsabilidad con la pervivencia de la humanidad. Esto bajo la premisa que la tierra y todo la compone nos fue dada por el Ser Creador(a) para ser “administrada” de forma responsable, sin alterar sus ciclos naturales.

ALLCOT, cuyo objetivo es contribuir mediante proyectos ambientalmente responsables a la reducción de los GEI, está llamada a explorar canales de comunicación con comunidades locales, siendo consciente de los desafíos que implica adelantar proyectos concertados con diferentes actores locales, en un país cuyas realidades territoriales configuran lo que Uribe de Hincapié (1999) denomina “Soberanía mixta”, es decir, el ejercicio de la gobernanza local como confluencia de distintos actores.

El acercamiento con pueblos indígenas permitirá explorar otras formas de organizaciones propia de cada pueblo, otras formas de entender el mundo, de entender la naturaleza y, ante todo, otras formas de comunicarse y relacionarse con la tierra, con la vida misma. Entender los principios de vida de cada sociedad es el paso ineludible para asumir el reto de una comunicación asertiva.

La invitación es a entender esas “otras” formas de comprensión de la vida, a buscar esos conocimientos en el “otro” que permitan generar espacios de debate y decisiones en torno a lo ambiental. Para los pueblos indígenas, “lo que no está en el conocimiento indígena, está en el otro conocimiento” (Palma, 2019), el otro conocimiento es aquel ajeno al mundo indígena, pero no por ello debe ser ajeno a su entendimiento, los saberes deben complementarse, no excluirse. Explorar y comprender esas “otras” formas de entender la vida puede aportar bastante a la agenda ambiental, nacional y global.

El camino hacia un futuro sostenible


 Escrito por Ginna Castillo, Climate Change Mitigation Consultant


Históricamente hablando, las ciudades emergieron como lugares de encuentro y aglomeración. Hoy en día, según el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas, el 55% de la población mundial vive en esos lugares, una proporción que se espera que aumente al 68% para el 2050. Con la actual pandemia de COVID-19, la estrategia más eficaz para evitar la exposición al virus ha sido el distanciamiento social, lo que significa que el 55% de la población debe replantearse su forma de vida para evitar el Coronavirus. En cuanto al transporte, están surgiendo nuevas preguntas sobre cómo moverse por la ciudad permaneciendo sano o incluso si es necesario moverse diariamente en absoluto.

Hasta el momento, incluso bajo estricto confinamiento, la gente que desempeña labores esenciales tiene que desplazarse todos los días. Ahora, como algunos sectores de la economía se están reabriendo gradualmente en algunos países, la posibilidad de contacto social es cada vez mayor, por lo que los ciudadanos están migrando drásticamente a medios de transporte  individuales y asequibles. Los gobiernos también están participando en este cambio fomentando el uso de vehículos sin motor o desplazarse caminando. Hay alrededor de 250 acciones locales en todo el mundo para apoyar la caminata y el uso de la bicicleta durante el distanciamiento social (Conjunto de datos del Centro de Información sobre Peatones y Bicicletas).

No hay duda de que la bicicleta se está convirtiendo en el medio de transporte más flexible durante la pandemia, ya que permite recorrer distancias más largas que desplazarse caminando, además con un gasto mínimo o cero a diario. Según el Foro Económico Mundial, la mayoría de las iniciativas locales tienen que ver con paseos gratuitos en servicios de bicicleta compartidos y la disponibilidad de más kilómetros de carriles para bicicleta, mediante la adaptación de  carreteras locales o incluso autopistas, en ciudades como Bogotá, Milán, Barcelona o Bruselas, por nombrar algunas. Mientras tanto, los esfuerzos de colaboración comunitaria también están contribuyendo a transformar la movilidad urbana a través de proyectos como Lend-A-Bike en Manila.

Estas iniciativas gubernamentales o comunitarias tienen el potencial de continuar después de que la pandemia de COVID 19 haya terminado, incluso si la mayoría de ellas sólo se llevan a cabo como medidas temporales durante el confinamiento. Un primer paso en esta dirección lo está dando el gobierno de la región de Île-de-France, que ahora contempla la bicicleta como el principal medio de transporte después del confinamiento (LeParisien). Pero eso es sólo la punta del iceberg, los debates sobre la movilidad se están produciendo en todas partes y están surgiendo nuevos interrogantes sobre los viajes innecesarios en automóvil, el trabajo en casa, la proximidad a los puestos de trabajo y los distintos servicios, entre otros.

Es bien sabido que el cambio climático es uno de los desafíos ambientales más urgentes de nuestro tiempo, por lo que si todas las ciudades prestaran atención a estas nuevas inquietudes e iniciativas, en lugar de continuar la misma situación en la que vivíamos antes de la pandemia, se producirían cosas maravillosas, simplemente porque ahora somos capaces de cambiar los hábitos a escala mundial. Para empezar, y sólo con el ciclismo, las emisiones de gases de efecto invernadero se reducirían drásticamente. Según el ranking de medios de transporte urbano realizado por travelandmobility.tech, moverse en un coche de gasolina genera cerca de un 96% más de emisiones que moverse en bicicleta (gramo por pasajero-kilómetro). Esto es durante todo el ciclo de vida de cada vehículo: fabricación, operación, mantenimiento y eliminación.

No obstante, esto parece ser el primer paso de un camino muy largo.De aquí en adelante, las ciudades tendrán el desafío de redistribuir el espacio público y quizás redefinir la jerarquía de las calles anteponiendo las personas a los coches. El uso del suelo tendrá que ser aún más diverso para garantizar la proximidad entre las casas, los servicios y los trabajos, de modo que las distancias para los desplazamientos sean transitables a pie o adecuadas para la bicicleta.  Por último, pero no menos importante, el transporte público se hará más relevante en las largas distancias y la intermodalidad tendrá que hacerse realidad. Todos estos cambios conducirán en última instancia a una forma de vida más sostenible y a un futuro más sostenible.

Crisis y Medio Ambiente


Escrito por Enrique LendoBusiness Development Mexico Advisor


En enero, 2020 se perfilaba para convertirse en el “Super Año” del desarrollo sustentable. Un número creciente de empresas globales con activos cercanos a $40 billones de dólares se comprometieron a transitar hacia patrones de producción y financiamiento más responsables y bajos en emisiones. Por primera vez en su historia, el reporte de riesgo del Foro Económico Mundial posicionó los riesgos climáticos y ambientales por encima de los económicos y geopolíticos. En el marco de la ONU, se tomarían decisiones fundamentales sobre cambio climático, biodiversidad y océanos que hoy en día han sido postergadas por la pandemia.

El COVID-19 ha evidenciado nuestra vulnerabilidad como especie humana ante fenómenos biológicos y naturales y también la de nuestros sistemas económicos y políticos ante emergencias globales. El manejo irracional de los ecosistemas y la biodiversidad ha provocado que los virus se magnifiquen y evolucionen y el cambio climático que alcancen nuevas latitudes y aceleren su propagación con cuantiosas pérdidas de vidas humanas.

Por su parte, las medidas de aislamiento recomendadas para contener la propagación de la pandemia generan cambios significativos en la escala y la estructura de la economía global. En 2020 tendremos la recesión económica más pronunciada de la historia con contracciones del 13% del comercio y 2.5% del PIB global e impactos a 1,600 millones de empleos alrededor del mundo. La contracción del PIB en México será de entre 6 y 10% al final de 2020. 

Pero la crisis económica derivada de la pandemia también ofrece una oportunidad sin precedente para restructurar nuestro sistema económico hacia patrones de producción y consumo más sustentables tanto en el ámbito ambiental como en el financiero y social.  A nivel macro, los gobiernos pueden definir, en el marco de sus políticas de recuperación económica, si los incentivos serán canalizados a sectores tradicionales, menos competitivos y más contaminantes o a sectores con potencial de generar beneficios económicos y bienestar de largo plazo. 

Por ejemplo, según la IRENA, las inversiones en energías renovables podrían producir beneficios equivalentes a $100 billones de dólares al 2050, o rendimientos de inversión de entre $3 y $8 dólares por cada dólar invertido. Dicha inversión tiene además el potencial de crear 42 millones de empleos y reducir las emisiones de gases de efecto invernadero del sector energía en 70%. En contraste, las energías fósiles son responsables de más del 70% de las emisiones globales de bióxido de carbono, reciben subsidios por $5 billones de dólares al año y en el caso del petróleo han registrado precios negativos en los últimos días. Hoy las pérdidas de la empresa petrolera mexicana Pemex cuestan 24 mil millones de dólares a los contribuyentes y las subastas para colocar certificados de energía limpia se han postergado.  

A nivel micro, las empresas tendrán que adaptarse a las nuevas tendencias de las cadenas de suministro en un mundo menos interconectado e identificar proveedores más cercanos a sus centros de producción. En el sector servicios, la digitalización y economía virtual ha crecido como nunca, fomentando la innovación y el desarrollo de nuevos productos y procesos. Solo las empresas y sectores que se adapten con ingenio y celeridad sobrevivirán en el mundo post-covid. Sin embargo, para que las empresas transiten hacia patrones de producción y consumo más sustentables es imprescindible que los incentivos se diseñen adecuadamente. En los paquetes de recuperación económica no se deben relajar las normas y compromisos ambientales o favorecer con apoyos a industrias contaminantes sobre industrias limpias, porque se estará perpetuando la ineficiencia y mermando la oportunidad de incentivar un desarrollo económico más sustentable.

Un comienzo más verde para el mundo


Written by Alexis Leroy, CEO ALLCOT


La pandemia de coronavirus ha sido una enorme llamado de atención para el mundo. En poco más de un mes, grandes sectores de la economía han cerrado o se han visto disminuidos significativamente. El transporte aéreo es prácticamente inexistente, el transporte privado es tan solo una sombra de lo que era antes, y el comercio minorista ha cerrado casi por completo sus puertas.

El estar aislados en casa nos ha dado a todos la oportunidad de considerar a todo lo que hemos renunciando, qué elecciones se escapan a nuestras manos e incluso si elegiríamos las mismas cosas una vez se levanten las restricciones. El encierro también se ha convertido en una fuente de ideas sobre cómo podemos aprovechar esta oportunidad para reconstruir nuestras economías de una manera más sostenible.

Para ser honestos, ya están sobre la mesa algunos planes para un futuro sostenible. En EE.UU., el Nuevo Trato Verde recuerda el plan del Presidente Roosevelt de recuperar al país de la Gran Depresión en los años veinte. La versión del siglo XXI se centró en el cambio climático, el mayor desafío de nuestro tiempo, así como la desigualdad social y económica. 

En Europa, la Comisión elegida recientemente presentó su propio Pacto Verde el año pasado, que es incluso más ambicioso que su homólogo estadounidense. El plan de la UE busca dar un giro a toda la economía del bloque, volviendo a centrarse en sostenibilidad, el clima, las medidas de transición para diversificar y modernizar la economía además de ofrecer oportunidades para todos. Las propuestas de ambos lados del Atlántico se acoplan perfectamente a nuestros tiempos, ya que se enfrentan a «la más rápida y profunda conmoción económica de la historia». Mucho se ha  reflexionado entorno a esta temática.

Lo mismo para Asia, la pandemia representa una oportunidad de embarcarse en la mismo cambio, lejos de imitar a Occidente y hacia una más sostenible y autosuficiente modelo económico. De hecho, puede ser la única esperanza de Oriente, si las propuestas que leemos hoy en día se ponen en práctica en otros lugares.

El modelo económico liberal basado en el mercado ha existido desde hace unos 300 años. La globalización fue el último gran avanze desde la perspectiva del neoliberalismo, y la rápida expansión del coronavirus por todo el mundo es la advertencia de que no podemos continuar de esta forma. La economía que evolucionó en el siglo XVIII se acopló al mundo que percibía. No experimentó, como lo hacemos hoy, el inmenso impacto de la industria y los negocios en nuestra tierra y nuestro clima. 

La contaminación y la escasez de recursos no eran considerados un problema hace 300 años, y todos nuestros esfuerzos desde entonces han sido demasiado modestos, demasiado parciales, y han sido en gran parte relegados por los intereses de los modelos de negocios del viejo mundo. Sin embargo, hoy en día, entendemos cómo nuestro modelo económico impacta en nuestra salud, en nuestro bienestar. Podemos cuantificar los efectos nocivos de la contaminación del aire, así como podemos cuantificar el costo de los desastres naturales.

Con todo este conocimiento y comprensión, obtenido a través de los inmensos avances tecnológicos de los últimos 50 años, tenemos la oportunidad de establecer un nuevo curso para las próximas décadas.

¿Qué se debe hacer?

A nivel macroeconómico, el mundo necesita comprometerse, una vez más y con mayor fuerza, a los propósitos del Acuerdo de París y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Necesitamos que los gobiernos se alineen a estos objetivos, para hacer compromisos ambiciosos, creíbles y alcanzables, y trazar el camino hacia la consecución del premio mayor.

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) tienen un objetivo simple: «un proyecto compartido de paz y prosperidad para la gente y el planeta, ahora y en el futuro». Consisten en 17 metas, entre las que se incluyen: la reducción de la desigualdad; el agua potable y el saneamiento; la acción en favor del clima; el consumo y la producción responsables, y reducir el hambre a cero. Todos estos objetivos pueden alcanzarse con un enfoque reflexivo que permita reconstruir la economía que compartimos.

A su vez, gracias a la tecnología y la comprensión, el progreso hacia los ODS puede ahora ser cuantificado. La salud, la educación, las oportunidades económicas, las sociedades estables e incluso la igualdad de género pueden medirse y evaluarse. Además, esta cuantificación de logros puede ser ahora recompensada. Por primera vez en nuestra historia económica, los impactos intangibles se están convirtiendo en elementos tangibles en los estados financieros. Esfuerzos como el del Grupo de Trabajo de Divulgación Financiera Relacionada con el Clima están moviendo lentamente la aguja para llevar las problemáticas externas—como los gases de efecto invernadero— a la esfera de los costos reales. De la misma manera, mejorar nuestra salud, seguridad y prosperidad colectivas también representada una recompensa en tanto a la disminución de costos externos —como las emisiones de carbono y pérdidas de negocios—, así como en la reducción del costo humanos.

El Acuerdo de París tiene un simple objetivo, tan solo uno: asegurar que a mediados de siglo todas nuestras emisiones de gases de efecto invernadero se equilibren con pozos que absorban esos mismos gases. De nuevo, este es un objetivo que podemos alcanzar si planificamos cuidadosamente y ponemos en marcha el trabajo, la inversión y la investigación para hacerlo realidad.

¿Qué ganaremos?

Empezaremos a restaurar nuestro clima a un estado en el que  los eventos climáticos catastróficos no son «normales», donde la deforestación no despoja a los pueblos y especies de su hogar, donde el estrés hídrico no provoca migraciones masivas.

A nivel nacional o incluso multinacional, ¿cómo podemos hacer los cambios que el futuro nos exige?

Una reconstrucción ecológica

A medida que salgamos de la sombra de Covid-19, las economías necesitarán ayuda del gobierno para volver a empezar. Ya hemos visto miles de millones de dólares, euros y libras gastadas para ayudar a los comercios y a la población a superar el encierro. Y veremos miles de millones más gastados para ayudar a las empresas a reconstruir y reiniciar sus operaciones. Debemos asegurarnos de no centrarnos en la supervivencia a corto plazo, sino en la sostenibilidad a largo plazo.

Si bien defendemos la independencia del sector privado, cuando se trata de recibir asistencia financiada por el sector público, se debe exigir al sector privado que siga la política pública. En lugar de gastar el 90% de la asistencia en apoyar los modelos de negocio existentes, ¿no deberían nuestros líderes procurar que nuestra economía sea más resiliente?

La asistencia financiera debe establecer condiciones. Se debería exigir a las  industrias que hagan mejoras y cambios en sus procesos en línea con los ODS. Por ejemplo, a una fábrica que actualmente compre energía a una planta de gas, si desea recibir ayudas por parte del gobierno se le debería exigir que compre energía renovable, una solución simple y factible que no tenga ningún costo adicional.

Se debería exigir a los fabricantes que utilicen envases reciclables, que se aseguren de que los productos sean reciclables o reutilizables y que sus procesos sean lo más limpios posible. Los reglamentos podrían ser más estrictos para exigir que los productores asuman la responsabilidad legal de todos los desechos asociados con sus productos.

Las empresas comerciales deberían reexaminar sus prácticas y ver cuánta flexibilidad pueden incorporar a sus operaciones. Durante la pandemia hemos visto una explosión en el uso de la videoconferencia para mantener los vínculos sociales. Millones de personas han estado trabajando eficazmente desde casa, en lugar de desplazarse a las oficinas. ¿Necesitamos todos, como empleadores y empleados, desplazarnos hasta las oficinas que utilizan aún más recursos?

En lugar de las cadenas de suministro mundiales, se debería alentar a las empresas a que busquen  materiales y suministros locales, reduciendo así las emisiones y la contaminación del transporte, apoyando además a la comunidad local y su economía.  ¿Y necesitamos viajar tanto por negocios o por placer? Ya hay una creciente conciencia del impacto que nuestros hábitos de viaje tienen en el medio ambiente y el clima, pero la recuperación de este cierre global ofrece una verdadera oportunidad para dejar de lado los viajes innecesarios.

El cambio ecológico personal

Por último, ¿cómo podemos usted y yo, como individuos, traducir estos objetivos en acción práctica? 

Como consumidores, podemos hacer elecciones más responsables y cuidar nuestros resultados. Cuando compramos, debemos comprar de manera responsable: ¿los productos son reutilizables, reciclables y reutilizables? ¿Nuestros productos necesitan siquiera un embalaje?

Cuando consumimos, ¿consumimos más de lo que necesitamos? ¿La electricidad, el gas y los recursos que utilizamos proceden de fuentes renovables o nos basamos en recursos finitos como el petróleo o el carbón? ¿Necesitamos conducir todos los kilómetros que recorremos? ¿Es necesario tomar ese vuelo? ¿Estamos iluminando y calentando nuestras casas de manera responsable?

Los productos alternativos ya existen para muchos de nosotros, como todos sabemos. Pero, lo más importante es que también existen opciones alternativas. Es hora de que comencemos a ejercer con más fuerza nuestro poder de elección y, como individuos y consumidores, aumentemos la presión sobre las empresas, los responsables de la formulación de políticas y entre nosotros mismos para pensar en el impacto que tenemos en nuestro hogar.

Conclusión

El modelo económico de libre mercado que nació en el calor de la Revolución Industrial, y que ha durado 300 años, no es adecuado para el siglo XXI y los desafíos que presenta. No debemos insistir en volver a los negocios como de costumbre.

Por lo tanto, hacemos un llamado a las empresas de todo el mundo para que reconozcan que la reconstrucción de nuestras economías a raíz de esta pandemia no puede simplemente devolvernos a la forma en que estaban las cosas antes. El sector privado debe aceptar su papel histórico para llevarnos a este punto, y asumir tanto la responsabilidad como la oportunidad de solucionar nuestros problemas, incluso cuando el gobierno tarde en actuar.

Sostenibilidad en la Industria de la Moda


Escrito por Natalia Rodrigo, Group Sustainability Technical Manager


Recientes publicaciones sobre la industria de la moda afirman que este sector necesita mejorar su desempeño en sostenibilidad. Si bien es cierto que la mayoría de las marcas de moda son conscientes de su impacto ambiental y social, solo menos de la mitad de ellas han comenzado a tomar medidas efectivas. Además, las compañías de moda aún no están implementando soluciones sostenibles lo suficientemente rápidas como para compensar de manera efectiva todos los impactos negativos que esta industria en rápido crecimiento comporta.

Los patrones actuales de producción y consumo en la industria de la moda ponen en peligro la disponibilidad de los recursos naturales, implicando pérdidas importantes de biodiversidad; sin obviar el aumento de las emisiones de dióxido de carbono, consumo de agua, uso de químicos y generación de residuos. Teniendo en cuenta que nuestro planeta ya ha superado sus límites, las restricciones en uno o más de estos factores clave no se pueden descartar, lo que dificultará el crecimiento del sector, previsto en un 60% para 2030.

Por otro lado, otros problemas no ambientales, como son el bienestar animal, la falta de transparencia y la imagen negativa, como, por ejemplo, presionar a la sociedad para que esté a la altura de ideales inalcanzables, no pueden ser relegados al olvido.

La moda se considera un potente mecanismo para el desarrollo global, estando considerada como una de las industrias de consumo más importantes. Es por ello por lo que este sector necesita imperativamente demostrar un cambio en su desempeño en sostenibilidad. Además de generar beneficio y crecimiento, la moda sin lugar a duda puede dotar de un valor adicional a todos sus productos, generando beneficios para la sociedad y la economía mundial.

Moda, talento y creatividad van siempre de la mano: su profundo savoir-faire, su presencia y actividad en las redes sociales e influencias ayudarán a trabajar con éxito su propia transformación.

Sorprendentemente, una parte de la industria de la moda ya se ha embarcado en el desafiante objetivo de concienciar a sus consumidores, emprendiendo mejoras reales y efectivas, por medio de amplias redes dedicadas a objetivos ambientales, sociales y transparentes comunes.

Además, las recientes inversiones en tecnología, así como las mejoras en las condiciones laborales y la implementación de estrategias de eficiencia en productividad hasta ahora implementadas, permitirán a las marcas de moda contrarrestar la presión actual.

Ejemplo de ello son las iniciativas actualmente desarrolladas sobre la conversión de residuos textiles en materias primas mediante el uso de técnicas avanzadas de reciclaje; la reducción del consumo de agua y energía do la integración de técnicas de gestión de residuos en las operaciones de producción y distribución.

Teniendo en cuenta todas estas estrategias de innovación, las empresas de moda cuentan con una oportunidad única para lograr su cambio, sin afectar a su crecimiento. Por otro lado, si no se toman medidas inmediatas, las marcas de moda estarán condenadas a tener que rebajar los precios unitarios haciendo frente a costes crecientes y escasez de recursos en sus cadenas de suministro; limitando así su actividad hacia un modelo lineal sin retorno, basado únicamente en consumo, fabricación y desperdicio.

Así, el efecto que este modelo tendrá en la moda es bastante predecible. Teniendo en cuenta las proyecciones actuales de aumento para 2030, las marcas de moda sufrirán una disminución de los beneficios si aún optan por una estrategia de “business as usual”.

Con el fin de abordar de manera efectiva la creciente presión ambiental y social, lo primero que se debe evaluar es la huella que este sector tiene. ALLCOT ayudará a la industria de la moda a identificar con éxito su nivel de sostenibilidad asociado a cada etapa de la cadena de valor. Esta estrategia permite a las empresas identificar los indicadores clave (KPIs) para así definir una estrategia eficaz de cambio.

El objetivo principal de este esfuerzo es desarrollar conocimiento, transparencia y sostenibilidad. Sin lugar a duda, este desafío en los patrones actuales de desempeño operacional tiene como objetivo establecer las bases para una posible remodelación, canalización de inversiones y definición de una estrategia efectiva en innovación.

En conclusión, si la industria de la moda no toma medidas eficientes sobre su desempeño en sostenibilidad, su contribución a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas no será significativa, poniendo en riesgo los compromisos del Acuerdo de París y, por lo tanto, de la Agenda 2030. Como resultado, es urgente listar las tareas de mejora ambiental, social y ética como acciones indispensables dentro de su agenda de estrategia de gestión.

La industria de la moda tiene todo el potencial para lograr un cambio social y ambiental a escala global. Integrar un uso más eficiente de la energía y de los recursos, asegurar condiciones de trabajo justas e implementar estudios de viabilidad para la cadena de valor en todos sus procesos constituyen estrategias clave para hacer realidad este cambio.

ALLCOT está cambiando el cambio …

 

Hacia un aceite de palma sostenible


Escrito por Asier Aramburu Santa Cruz, Climate Change RENEN Manager


Gracias al proyecto para la captura de metano, desplazamientos de combustibles fósiles y cogeneración de energía renovable que ALLCOT desarrolla actualmente en Colombia, la industria palmera puede ser una gran aliada en la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero. Aunque pueda parecer que la mayor acción que puede realizar esta industria es el buen manejo de sus plantaciones y las políticas de no deforestación que lleve a cabo, en el propio procesamiento del fruto para obtener el aceite, se pueden implantar diversas medidas que aseguren un producto más sostenible. Así, en Colombia se ha logrado convertir un problema, la gestión de residuos, en una oportunidad. Las aguas residuales industriales del proceso productivo tienen una alta carga orgánica y precisan de un tratamiento para poder verterlos a un medio acuático. Este tratamiento se realizaba mediante el uso de lagunas anaerobias, que emitían grandes cantidades de metano a la atmósfera, un gas con un potencial de calentamiento global 25 veces mayor que el CO2.

Sin embargo, se encontró una solución que reporta diversos beneficios: el uso de biodigestores. Gracias a estas instalaciones, se están reduciendo las emisiones de metano por medio de la captura del biogás, nombre que se da a la mezcla gaseosa rica en metano que se produce en el proceso de tratamiento de las aguas residuales.

Aunque unas pocas plantas están aprovechando este biogás para generar energía, la segunda fase del proyecto contempla la adopción de esta forma de generación de energía eléctrica. Así, en lugar de la quema en tea, el destino actual de la mayoría del biogás generado, las empresas asociadas al proyecto podrán adoptar la tecnología que les permita usar ese metano como energía. De esta forma, pueden pasar a ser autosuficientes y sus excedentes energéticos entregarlos a la red eléctrica, lo que a su vez desplazaría la generación de energía por medio de combustibles fósiles, incrementando el potencial de mitigación del cambio climático del proyecto.

ALLCOT llega en un punto clave, ya que la industria precisa de una actualización del documento de diseño o Project Design Document (PDD) entregado inicialmente al organismo de las Naciones Unidas encargado del registro de estos proyectos de desarrollo limpio, la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC). Pero el paso más importante y el mayor reto es la primera verificación de las reducciones para poder obtener los bonos de carbono, lo que permitirá certificar por primera vez las reducciones que ya se han realizado. ALLCOT tiene también el reto de demostrar el potencial y los beneficios del proyecto, de forma que se logre la adhesión del resto de productores y se consiga transformar esta industria. Además, el éxito de este proyecto no solo tiene importancia en la adhesión del resto de actores, sino que también en el desarrollo de otras iniciativas dentro del proceso productivo, como puede ser el compostaje de los lodos y los residuos del proceso productivo (cáscaras, etc.), que emiten también grandes cantidades de gases de efecto invernadero en su proceso de descomposición.

Para ello no solo se está trabajando en los cálculos de las reducciones y en la elaboración de la documentación, sino que se está realizando el proceso haciendo participe a los participantes del proyecto con visitas a las empresas productoras que ya han puesto en operación el proyecto de reducción de emisiones.

 La industria del aceite de palma es actualmente líder a nivel mundial en la provisión de aceites y grasas. A la cabeza de su producción se sitúan los países asiáticos, liderados por Indonesia y Malasia, que han logrado un crecimiento vertiginoso de su producción en las últimas décadas hasta llegar a una producción conjunta de 59.000.000 toneladas (82,5% del total). Sin embargo, este crecimiento ha recibido múltiples críticas a nivel internacional, ya que en parte se ha obtenido a costa de la destrucción de bosque natural.

En el caso de Colombia, en un campo dominado por productores asiáticos, ha conseguido situarse como el primer productor de aceite de palma en América y el cuarto en el mundo, con más de 1.600.000 toneladas.

Por tanto, gracias a este proyecto, la industria palmera colombiana tiene la oportunidad de mostrar su grado de compromiso con el desarrollo sostenible, diferenciarse del resto de productores y alinearse con los objetivos comprometidos en el Acuerdo de París.

Novedades del mercado del carbono en Colombia


Escrito por Andrés Melendro, Sustainability Consultant.


A finales del mes de noviembre se llevó a cabo en Bogotá el primer congreso de ASOCARBONO, la Asociación Colombiana de Actores del mercado de Carbono. ALLCOT es miembro y participa activamente de la dinamización del mercado. Entro los mandatos de ASOCARBONO, ALLCOT quisiera incluir la tarea de abogar porque el sector financiero en Colombia considere a los bonos de carbono como un activo financiero.

En cuanto a la evolución del sector, si bien las novedades son múltiples, hay un par de constantes que vale la pena resaltar. Por un lado, la demanda de bonos de carbono sigue siendo muy superior a la oferta. Por otro, la mayoría de los proyectos certificados tanto para el mercado regulado, como para el voluntario siguen siendo forestales. 

Entre las novedades están la entrada de certificadores nacionales de proyectos de reducción de emisiones y el fortalecimiento de la presencia de los certificadores internacionales. Esto contribuirá a aumentar la capacidad de trámite de certificados, a reducir los tiempos del proceso y debería permitir que proyectos antiguos aún alcancen a ser registrados.

En esta misma línea, se anticipa un acercamiento entre los verificadores y los desarrolladores de proyectos. Verra se ha propuesto poner a disposición todos los documentos requeridos en español, para de esta manera eliminar la barrera lingüística. También lanzará una línea de certificación más sencilla para proyectos de pequeña escala en zonas rurales y enfocado a las soluciones basadas en la naturaleza. De este modo, en 2020 deberíamos asistir a un aumento en el número de proyectos registrados y a una diversificación de los actores que los gestionan.

Ahora bien, a nivel sectorial podría presentarse igualmente una diversificación, dado el potencial de reducción que existe en otros sectores diferentes al forestal, como el energético. Este fue el tema del panel en el que Alexis Leroy, CEO de ALLCOT, participó como ponente.

A pesar de la baja eficiencia del sector industrial en Colombia, a la fecha no se han emitido bonos de eficiencia energética. Ecopetrol, la petrolera estatal y mayor empresa del país, está camino a emitir los primeros en las próximas semanas, gracias a un proyecto en su refinería de crudo de Barrancabermeja. Sin embargo, en general hay poca medición del gasto energético, que sirve como línea base para eventuales reducciones.

Hay dos factores que explican esta observación. La pequeña industria es adversa al riesgo y no dispone de recursos. Es necesario resaltar que los desarrolladores de proyectos de carbono pueden compartir el riesgo de dichas inversiones. Los industriales deben cambiar su cultura organizacional y medir sistemáticamente sus inversiones en energía y las fugas de esta. Además, existe amplio potencial en documentar proyectos de eficiencia pasados y que no requieren inversiones suplementarias para ser registrados.

Los bonos de eficiencia energética servirán no solo para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), sino también para mejorar la competitividad industrial del país. ALLCOT será un aliado para alcanzar ambos objetivos.

ALLCOT y las comunidades indígenas: aliados en los proyectos forestales


Escrito por Andrés Melendro, Sustainability Consultant.


Las comunidades indígenas son actores clave en la mitigación del cambio climático y de la sostenibilidad de sus territorios. A nivel regional, según el informe Estado de la Amazonia publicado por WWF en 2017, los territorios de las comunidades indígenas corresponden a 33% de la Amazonía y tan solo a 8% de las tierras deforestadas. Esto pone de relieve su papel esencial en la lucha contra la deforestación. Durante la última década, la tecnología ha empoderado a los indígenas en el monitoreo de sus territorios, lo cual ha permitido que las empresas que extraen recursos naturales rindan más cuentas. Por ejemplo, los dispositivos de GPS son usados por los grupos indígenas para reportar delitos ambientales.

En Colombia, los resguardos indígenas han estado históricamente localizados en el corazón de los territorios controlados por grupos al margen de la ley y de las rutas del narcotráfico.  Al haber sido golpeadas de lleno por el conflicto armado entre guerrillas y el ejército colombiano, su desarrollo económico se frenó y sus índices de desarrollo son hoy inferiores al promedio nacional. 

Las comunidades Inga y Kamsá, originarias del Alto Putumayo y del Caquetá respectivamente (ambas en el sur de Colombia) juegan un papel clave en esta nueva etapa de sus regiones, en el cual el restablecimiento progresivo del orden público puede generar la intensificación de los motores de la deforestación. Putumayo y Caquetá son dos departamentos que hacen parte de la Amazonía colombiana. Por estar en zona de transición entre esta y la zona Andina, la más poblada y centro económico de Colombia, presentan unas de las tasas de deforestación más altas del país. Además, el postconflicto ha significado la llegada de colonos y de grandes grupos económicos, lo cual se refleja en cambios de uso de suelo hacia la agricultura, ya sea de latifundio o de subsistencia. Tanto la frontera agrícola como la extracción de madera y la ganadería ejercen presión sobre los bosques. Vale la pena recordar que el sector forestal es el mayor emisor de gases de efecto invernadero (GEI) en Colombia, responsable del 36% de las emisiones, según el Inventario Nacional de GEI. De ahí su importancia para alcanzar las metas de la contribución determinada a nivel nacional (NDC) del país.

ALLCOT coordina proyectos forestales con el objetivo de que los bosques se preserven y sigan jugando su rol de sumideros de carbono. Desde la fundación de ALLCOT hace 10 años, el proceso de consulta social ha sido riguroso y las comunidades indígenas han sido aliados de varios proyectos forestales. La consulta social realizada por ALLCOT siempre se rige por el principio de consentimiento previo, libre e informado. A través de los fondos derivados proyectos forestales que ALLCOT desarrolla es posible mejorar los indicadores ligados a los objetivos de desarrollo sostenible (ODS) como acceso a energía las 24 horas, tasa de escolaridad o tasa de mortalidad infantil. El objetivo último es que el desarrollo social y económico de los habitantes de la zona se pueda alcanzar en paralelo de la protección forestal, para así cumplir a la vez con la Agenda 2030 y con el Acuerdo de París. Esta es la misión de ALLCOT y el conocimiento ancestral con el que cuentan los indígenas sobre las áreas boscosas es una herramienta clave.

La neutralización de carbono debe tener el mismo valor que los PPA para la financiación de proyectos.


Escrito por Alexis Leroy, CEO ALLCOT


La neutralización de carbono es tan válida y valiosa como la energía renovable

Cualquier persona involucrada en el desarrollo de proyectos de energía limpia en todo el mundo estará familiarizada con la necesidad de asegurar la financiación del proyecto. Los prestamistas generalmente desean ver un flujo de ingresos sólido antes de considerar la financiación de energía renovable o proyectos de energía baja en carbono.

Normalmente, un acuerdo de compraventa de energía (PPA por sus siglas en inglés) cumple con este requisito: un acuerdo de compra a largo plazo con un comprador de alta calidad, ofrece la confianza de que el proyecto generará un flujo de caja constante para pagar su deuda.

Ocasionalmente, un PPA en sí mismo puede no considerarse como una garantía suficiente de rendimiento, o la calidad crediticia del comprador no puede ser lo suficientemente sólida. En estos casos, se puede agregar seguridad adicional en forma de garantías líquidas o bonos de desempeño.

Sin embargo, hay otra fuente de ingresos que puede desempeñar ese papel: los bonos de carbono.

Los bonos de carbono representan el ahorro en emisiones de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero (GEI). Se miden en función de una línea base en la que el proyecto usaría tecnologías fósiles. De esta manera, un parque eólico, un parque solar o una planta de conversión de residuos el  gas representan un ahorro de emisiones en comparación con electricidad producida a partir de carbón o gas .

El mundo está a la espera de que un nuevo mercado global de neutralización de CO2 reemplace el Mecanismo de Desarrollo Limpio que finalizará cuando el Protocolo de Kyoto sea reemplazado por el Acuerdo de París en 2021. Pero mientras tanto, hay muchas oportunidades para desarrollar y vender bonos de carbono en algunos mercados existentes. Los ingresos deberían ayudar a asegurar la financiación del proyecto.

Sudáfrica y Colombia están a la vanguardia en la creación de mercados de alta confianza para la neutralización de CO2, al permitir que se utilicen en el pago parcial de sus respectivos impuestos nacionales sobre el carbono y, por ende, monetizarlos, al menos en el papel.

Además, la Organización de Aviación Civil Internacional se está preparando para lanzar un mercado global de neutralización de CO2 para las aerolíneas a partir de enero de 2021. Se prevé que la demanda de neutralización de CO2 de las aerolíneas que participan en CORSIA alcanzará los 174 millones de toneladas de C02 equivalente (TCO2e) en 2025 y podría llegar a cerca de 8 mil millones de tCO2e en 2040.

Y más allá de estos mercados formalmente establecidos, respaldados por el gobierno, hay una amplia variedad de programas voluntarios de neutralización de carbono operados por grandes empresas industriales, comerciales y minoristas de todo el mundo. Según Forest Trends, casi 49 millones de neutralizaciones de CO2 fueron retiradas por gobiernos, empresas e individuos en 2018.

Hay muchos desafíos que enfrenta el uso de la neutralización de CO2 como seguridad para la financiación de proyectos. En primer lugar, el flujo de ingresos de la neutralización de CO2 probablemente representaría solo una fracción de los costos generales del proyecto, y para algunos, simplemente no valdría la pena el esfuerzo de incorporar la neutralización de CO2 en el cierre financiero.

Además, las fuentes de ingresos de la venta de bonos de carbono tienden a no ser regulares, sino «desiguales». Los proyectos neutralizados ​​deben presentar una verificación e informe independientes del volumen de emisiones reducido antes de que puedan solicitar la emisión de esos créditos, y los costos asociados con ese proceso generalmente significan que solo es posible realizar emisiones anuales o incluso bianuales. Dicha emisión periódica puede no ser lo suficientemente estable o regular para satisfacer los requisitos de un prestamista.

Sin embargo, al mismo tiempo, utilizar los ingresos de los bonos de carbono para asegurar el financiamiento puede tener dos beneficios significativos: la calidad y la confiabilidad del comprador. En el caso de los países con impuestos al carbono que pueden pagarse parcialmente en neutralización de CO2, el motor de la demanda es el gobierno, y los emisores industriales deben cumplir para cumplir con la ley.

Del mismo modo, en el caso de CORSIA, los compradores finales serán aerolíneas internacionales que buscan cumplir con los objetivos establecidos por el gobierno y aprobados por la ONU.

¿Por qué es importante el uso final de la neutralización de CO2? Debido a que los prestamistas se preocupan no solo por la escala de los flujos de ingresos de un proyecto, sino también por la confiabilidad y solvencia de los compradores. Los compradores de mayor calidad significarán mayor seguridad para el vendedor y, por lo tanto, para el prestamista.

En segundo lugar, es importante comprender que existe un vínculo directo entre la seguridad del suministro de electricidad renovable y la seguridad del suministro de bonos de carbono. Debería darse el caso de que cualquier prestamista que confía en un PPA como garantía para la financiación del proyecto, también debe poder confiar en el flujo de neutralización de CO2 a través de un acuerdo de compra de reducción de emisiones (ERPA).

Los prestamistas considerarán la confiabilidad del proyecto de energía (cuánta energía se espera o calcula entregar a lo largo de cualquier contrato) al estimar el valor del PPA. El PPA, por lo tanto, es una medida del suministro potencial de energía y, por lo tanto, puede ser también una medida del suministro de neutralización de carbono.

En el caso de muchas tecnologías confiables de energía renovable (gas residual, energía solar e incluso eólica), la generación real de energía y la generación de neutralización de CO2 están estrechamente vinculadas.

Un desarrollador de proyectos podría incluso utilizar la entrega futura de bonos de carbono como fuente de capital semilla para un proyecto. Esta era una práctica común bajo el Mecanismo de Desarrollo Limpio de la ONU. Al organizar un ERPA con un comprador que busca neutralización de CO2 para algún cumplimiento o incluso un propósito voluntario, un desarrollador de proyecto puede usar este ERPA para recaudar capital semilla. Sin duda, el volumen de la neutralización de CO2 puede estar sujeto a un recorte, pero el principio es sólido.

Entonces, ¿por qué los prestamistas no tienen en cuenta los ERPA? Si estamos de acuerdo en que la lucha contra el cambio climático es primordial, entonces, ¿cómo es posible que no apoyemos a los bonos de de carbono como una fuente de financiación válida, y que puede de hecho ser más valiosa que los megavatios-hora de generación de energía renovable?

Conferencia sobre el Mercado de Emisiones de Gases de Efecto Invernadero IEA-IETA-EPRI


Escrito por Casania Fometescu, ALLCOT Group Business Development


A principio de mes, Casania Fometescu, consultora internacional de CO2 y Directora de Desarrollo en Europa del Este de ALCOTT Group, participó en el XIX Taller Anual sobre Comercio de Emisiones de Gases de Efecto Invernadero, organizado por La Agencia Internacional de Energía (IEA), La Asociación Internacional de Comercio de Emisiones (IETA) y el Instituto de Investigación de Energía Eléctrica (EPRI) en París.

La conferencia mostró la creciente importancia del mercado de CO2 a nivel mundial. El número de asistentes se duplicó con respecto al evento del año pasado, especialmente con respecto a las delegaciones gubernamentales, como por ejemplo:  Reino Unido, Suiza, La Comisión Europea, China, Nueva Zelanda, Canadá, entre otros. Mark Lewis de BNP expresó a los participantes que se sentía “en los días de gloria de la acción del carbono”. 

El mercado internacional del carbono se ha convertido es un tema extendido, y esto se debe a que las autoridades nacionales, regionales y locales, pero también las compañías, han desarrollado políticas para reducir las emisiones, y cada una de ellas tienen diferentes métodos de implementación. Las presentaciones realizadas explicaron muchos esquemas de comercio de emisiones subnacionales (Ontario, Quebec, California), nacionales (Nueva Zelanda, China, Taiwán, Corea, Japón, Costa Rica, Columbia) y supranacionales (EU ETS).

Es importante destacar los siguientes puntos de conversación:

  1. La representante del Banco Mundial, Celien Ramstein, reconoció la importancia de fijar el precio del carbono y mencionó que hay 46 jurisdicciones nacionales y 30 subnacionales que ya han implementado planes de comercio de carbono o impuestos al carbono. Sin embargo, todos los esquemas de comercio de emisiones (ETS) en el mundo (incluida China) comprenden solo el 20% de las emisiones de gas de efecto invernadero (GEI). Por lo tanto, todavía hay mucho espacio para ampliar el alcance de estos mecanismos.
  2. Según el informe del Banco Mundial sobre el estado del mercado de carbono, existe una diversidad de precios en diferentes países, que van desde € 127 / tCO2 en Suecia y € 96 / tCO2 en Suiza, hasta € 25 / tCO2 en la Unión Europea (EU ETS) a menos de € 10 / tCO2 en la mayoría de los países que cuentan con precios del carbono. Solo el 5% del mercado mundial de GEI tiene precios de carbono entre € 40-80 / tCO2.
  3. Los ingresos mundiales de carbono de los gobiernos también aumentaron de $22 mil millones de dólares en 2016 a $33 mil millones de dólares en 2017, y $45 mil millones de dólares en 2018, según el Banco Mundial.
  4. El volumen del comercio voluntario del carbono ha aumentado en los últimos años y las empresas buscan cada vez más establecer objetivos de CO2 en línea con los Acuerdos de París, los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y los objetivos de la UE para 2030 y 2050.
  5. El objetivo de neutralidad en carbono de la UE para 2050 sólo se puede lograr si los gobiernos refuerzan sus contribuciones determinadas a nivel nacional (NDC) y establecen objetivos más ambiciosos para lograr mediante la compensación de carbono y la inversión en tecnologías ecológicas, energía renovable y medidas de almacenamiento de carbono.
  6. A Alemania quiere introducir un esquema de comercio sectorial nacional además del ETS obligatorio de la UE, que comprenderá más sectores de actividad en comparación con este último. China ha avanzado en la implementación de su ETS nacional. Ya finalizó la Fase I y  planea realizar los «ejercicios de simulación» de la Fase 2 antes de que finalice este año.
  7. Las negociaciones del Artículo 6 del Acuerdo de París pueden representar una oportunidad para que las entidades privadas contribuyan a los esfuerzos globales de mitigación a través de su participación en los mecanismos del mercado internacional, pero también a través de la cooperación voluntaria en la implementación del NDC de cada país. Sin embargo, todas las iniciativas piloto en virtud del Artículo 6 son iniciativas gubernamentales y no privadas.
  8. La encuesta sobre el sentimiento del mercado de GEI de la IETA muestra que el 85% de los encuestados espera que la acción voluntaria corporativa aumente en los próximos 5-10 años con empresas mucho más involucradas en reducir las emisiones de GEI y alcanzar sus objetivos voluntarios.