El camino hacia un futuro sostenible


 Escrito por Ginna Castillo, Climate Change Mitigation Consultant


Históricamente hablando, las ciudades emergieron como lugares de encuentro y aglomeración. Hoy en día, según el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas, el 55% de la población mundial vive en esos lugares, una proporción que se espera que aumente al 68% para el 2050. Con la actual pandemia de COVID-19, la estrategia más eficaz para evitar la exposición al virus ha sido el distanciamiento social, lo que significa que el 55% de la población debe replantearse su forma de vida para evitar el Coronavirus. En cuanto al transporte, están surgiendo nuevas preguntas sobre cómo moverse por la ciudad permaneciendo sano o incluso si es necesario moverse diariamente en absoluto.

Hasta el momento, incluso bajo estricto confinamiento, la gente que desempeña labores esenciales tiene que desplazarse todos los días. Ahora, como algunos sectores de la economía se están reabriendo gradualmente en algunos países, la posibilidad de contacto social es cada vez mayor, por lo que los ciudadanos están migrando drásticamente a medios de transporte  individuales y asequibles. Los gobiernos también están participando en este cambio fomentando el uso de vehículos sin motor o desplazarse caminando. Hay alrededor de 250 acciones locales en todo el mundo para apoyar la caminata y el uso de la bicicleta durante el distanciamiento social (Conjunto de datos del Centro de Información sobre Peatones y Bicicletas).

No hay duda de que la bicicleta se está convirtiendo en el medio de transporte más flexible durante la pandemia, ya que permite recorrer distancias más largas que desplazarse caminando, además con un gasto mínimo o cero a diario. Según el Foro Económico Mundial, la mayoría de las iniciativas locales tienen que ver con paseos gratuitos en servicios de bicicleta compartidos y la disponibilidad de más kilómetros de carriles para bicicleta, mediante la adaptación de  carreteras locales o incluso autopistas, en ciudades como Bogotá, Milán, Barcelona o Bruselas, por nombrar algunas. Mientras tanto, los esfuerzos de colaboración comunitaria también están contribuyendo a transformar la movilidad urbana a través de proyectos como Lend-A-Bike en Manila.

Estas iniciativas gubernamentales o comunitarias tienen el potencial de continuar después de que la pandemia de COVID 19 haya terminado, incluso si la mayoría de ellas sólo se llevan a cabo como medidas temporales durante el confinamiento. Un primer paso en esta dirección lo está dando el gobierno de la región de Île-de-France, que ahora contempla la bicicleta como el principal medio de transporte después del confinamiento (LeParisien). Pero eso es sólo la punta del iceberg, los debates sobre la movilidad se están produciendo en todas partes y están surgiendo nuevos interrogantes sobre los viajes innecesarios en automóvil, el trabajo en casa, la proximidad a los puestos de trabajo y los distintos servicios, entre otros.

Es bien sabido que el cambio climático es uno de los desafíos ambientales más urgentes de nuestro tiempo, por lo que si todas las ciudades prestaran atención a estas nuevas inquietudes e iniciativas, en lugar de continuar la misma situación en la que vivíamos antes de la pandemia, se producirían cosas maravillosas, simplemente porque ahora somos capaces de cambiar los hábitos a escala mundial. Para empezar, y sólo con el ciclismo, las emisiones de gases de efecto invernadero se reducirían drásticamente. Según el ranking de medios de transporte urbano realizado por travelandmobility.tech, moverse en un coche de gasolina genera cerca de un 96% más de emisiones que moverse en bicicleta (gramo por pasajero-kilómetro). Esto es durante todo el ciclo de vida de cada vehículo: fabricación, operación, mantenimiento y eliminación.

No obstante, esto parece ser el primer paso de un camino muy largo.De aquí en adelante, las ciudades tendrán el desafío de redistribuir el espacio público y quizás redefinir la jerarquía de las calles anteponiendo las personas a los coches. El uso del suelo tendrá que ser aún más diverso para garantizar la proximidad entre las casas, los servicios y los trabajos, de modo que las distancias para los desplazamientos sean transitables a pie o adecuadas para la bicicleta.  Por último, pero no menos importante, el transporte público se hará más relevante en las largas distancias y la intermodalidad tendrá que hacerse realidad. Todos estos cambios conducirán en última instancia a una forma de vida más sostenible y a un futuro más sostenible.

Paola Sarta