RELACIÓN ENTRE LOS OBJETIVOS DE DESARROLLO SOSTENIBLE (ODS) Y EL SECTOR DEL VINO


Escrito por Karen Vega, Business Development Specialist.

 


Se viven tiempos difíciles en todo el mundo debido a la crisis social, sanitaria y económica provocada por la pandemia. En estos tiempos de gran incertidumbre y en esta situación económica crítica, el sector vitivinícola, junto con otros sectores agrícolas, tendrá que intensificar sus esfuerzos medioambientales en consonancia con el Pacto Verde Europeo y las estrategias ‘De la granja a la mesa’ y de Biodiversidad.

El Pacto Verde Europeo establece un plan de acción para:

  • Impulsar un uso eficiente de los recursos promoviendo prácticas hacia una economía
    limpia y circular-
  • Restaurar la biodiversidad y reducir la contaminación.

Muchos viticultores y sus cooperativas han ido reforzando sus políticas de sostenibilidad en los últimos años poniendo gran énfasis en la mitigación de sus emisiones. La viticultura es una parte esencial de los ecosistemas rurales y ofrece una serie de beneficios que van mucho más allá de la producción de vino. Sin embargo, para poder alcanzar los objetivos del Pacto Verde Europeo, la viticultura debe tener la oportunidad de invertir en la protección de sus recursos naturales y contar con orientación y apoyo adecuados por parte de las instituciones gubernamentales.

Entre las principales ventajas y beneficios de la implementación de prácticas sostenibles tenemos: aumento de la eficiencia energética, acceso a programas de financiación específicos para productos sostenibles, mejora de la imagen comercial, mitigación de riesgos económicos por futuras legislaciones, trasparencia y aumento de la confianza de sus grupos de interés y la optimación de costes a través de toda la cadena de valor.

Principales ODS implicados en el sector del vino:

Las empresas pueden tener un gran impacto positivo en la sociedad al fomentar el consumo responsable y un estilo de vida más sano. Por otro lado también se deben mejorar las condiciones de trabajo en toda la cadena de labor, velando por la integridad y seguridad física y emocional de sus trabajadores.

Promover e invertir en contenido de interés relacionado con el sector del vino y estilos de vida sostenible para garantizar el acceso a los empleados con habilidades que satisfagan las necesidades comerciales futuras. También la realización de planes de formación interna que ayuden a mejorar la concienciación y eficiencia de los empleados.

Por un lado implementar programas de capacitación y apoyo y por otro invertir en la integración de la tecnología en sistemas agrícolas como un habilitador clave para crear oportunidades para que las mujeres participen en la viticultura y al mismo tiempo cumplan con las responsabilidades familiares.

Aplicar tecnologías de agricultura de precisión que potencien la productividad y minimicen el uso de agua. Esto incluye sistemas de riego por goteo, control de la calidad del agua, rotación de cultivos y métodos de aplicación de campo eficientes, control de los vertidos, uso eficiente del agua tanto para el lavado de las uvas como a nivel infraestructura, etc. De este modo también se potencia la capacidad de resiliencia del sector a las inminentes variaciones climáticas como las sequías.

Las iniciativas sostenibles en el sector del vino incluyen la adopción de medidas que aseguren un trabajo digno, justo e inclusivo: contratación laboral justa, flexibilidad horaria, descansos, erradicación del trabajo infantil. Por otro lado, sobre todo en estos tiempos difíciles, se debe potenciar la creación de sinergias con otros sectores tales como el turismo y la hotelería.

Desde el punto de vista de infraestructuras, buscar inversión para apoyar el desarrollo de la agricultura y los mercados que incluyen agua, conectividad/tecnología, carreteras, logística de almacenamiento, etc. De este modo se promueve la ocupación y desarrollo social y tecnológico de las zonas agrícolas.

El vino al ser un producto agrícola de alto valor añadido es una actividad económica que contribuye de manera relevante a la fijación de población en zonas rurales. Sus buenas prácticas pueden salvaguardar el patrimonio natural de las zonas colindantes, impulsar planes de urbanización y de transporte, mejorar la calidad del aire en las comunidades que la rodean, etc.

La agricultura ecológica es la forma más responsable de producir alimentos. Es necesario poner en valor la apuesta por la viticultura ecológica y la producción sostenible: potenciar el reciclaje, la reutilización de materia orgánica sea en la fabricación de compost o en generación de energía a partir de biomasa, etc.

Reducción de la huella ambiental mediante la implementación de nuevas prácticas y tecnologías como el uso de energía renovable, reducción del flujo logístico, optimización del uso del agua, reducción de gases de efecto invernadero y otros contaminantes, entre otros. Por otro lado las hectáreas de cultivo sirven también para proyectos de lucha contra el cambio climático como por ejemplo secuestración de CO2.

La ausencia de pesticidas y herbicidas sistémicos permite y favorece una rica variedad tanto de cubierta vegetal como de insectos y de aves en el viñedo ecológico.

 

 

David Poveda