Renovarse o Morir


Escrito por Enrique Lendo, Business Development Mexico Advisor.


Las grandes empresas de petróleo y gas se han venido consolidado en los mercados globales con productos que satisfacen las necesidades de la industria, el transporte, la electricidad y las funciones básicas la economía. Es sin duda una industria estratégica que ha sido poco cuestionada e incluso subregulada por los gobiernos. También ha sido premiada por los mercados de capital con altas tasas de retorno y factores moderados de riesgo no obstante sus externalidades. En 2020, cinco petroleras se ubicaron en los primeros 10 lugares del ranking “Fortune 500”. Sin embargo, las tendencias socio económicas recientes obligarán a la industria a “renovarse o morir”.

En primer lugar, la innovación y desarrollo tecnológico han permitido un mayor acceso a bienes sustitutos al petróleo y gas a lo largo de las cadenas de valor. El mercado de renovables avanza gracias a la disminución en sus costos de producción, el incremento en capacidad de almacenamiento y mayor confiabilidad en la distribución. En 2020 el 29% de la electricidad producida en el mundo provendrá de fuentes renovables.

En segundo lugar, los precios son altamente vulnerables a fluctuaciones en los mercados internacionales. La tendencia decreciente de la demanda global de petróleo se acentuó con las restricciones impuestas para enfrentar la pandemia del Covid. En el primer semestre de 2020, la demanda global de crudo experimentó una contracción superior al 20% y su precio bajó a niveles que no había tenido en décadas.

En tercer lugar, los impactos del cambio climático han hecho evidente la urgencia de transitar hacia un modelo de desarrollo bajo en carbono. En 2015, más de 190 países suscribieron el Acuerdo de París que tiene como objetivo estabilizar el incremento de temperatura del planeta en 1.5 °C al final del siglo. El sector energético aporta más del 70% de las emisiones de gases de efecto invernadero y, según el Panel Intergubernamental de Cambio Climático, la producción de petróleo y gas tendrá que disminuir 55% al 2050 para cumplir con el Acuerdo de Paris.

Probablemente el factor decisivo para la transformación de la industria sea la nueva percepción de riesgo climático de los mercados de capital. El mes pasado BlackRock, la tenedora de activos más grande del mundo penalizó a 53 empresas por su bajo desempeño en acción climática, incluyendo algunas de las petroleras más importantes del mundo. De la misma forma, los grupos financieros internacionales están introduciendo herramientas especializadas en soluciones climáticas. Destacan Citi Group con una meta financiera de $250 mil millones de dólares al 2025 y Morgan Stanley que se convertirá en el primer banco norteamericano de gran tamaño en revelar públicamente la contribución de sus productos al cambio climático.

En este contexto, las empresas petroleras con visión de largo plazo han comenzado a renovarse. En julio, la Iniciativa Climática de Petróleo y Gas, que integra a un grupo de empresas con el 30% de la producción de la industria, suscribieron una meta de reducción de intensidad de carbono consistente con el Acuerdo de Paris. La semana pasada British Petroleum (BP), la cuarta petrolera más grande del mundo anunció su estrategia para alcanzar la neutralidad de carbono al 2050 que sin duda establecerá un parteaguas en la industria. BP pasará de ser una petrolera a una empresa de soluciones energéticas con fuetes renovables y de bajo carbono en su portafolio de productos.

En el marco de la crisis económica derivada de la pandemia, incluso las empresas e industrias más contaminantes tiene la oportunidad de renovarse para sobrevivir en el largo plazo. ¿Cuál es la ruta que adoptarán Pemex y las empresas energéticas de México?

Artículo publicado originalmente en el Periódico Reforma de México

David Poveda