Riesgo Sistémico


Escrito por Enrique Lendo, Business Development Mexico Advisor.


Esta semana se presentó el Reporte de Riesgo Global del Foro Económico Mundial en Davos. Al igual que en 2020, los riesgos climáticos y ambientales se ubicaron en los primeros lugares del ranking. Todo parece indicar que se establecerá un estándar para países y empresa en el que los impactos climáticos son percibidos como más riesgosos que los efectos de las crisis económicas, los cambios tecnológicos y los fenómenos geopolíticos.

El cambio climático incide en los mercados de capital a través de dos tipos de riesgo. El primero es el riesgo físico que resulta de daños a la propiedad, la infraestructura y la tierra. El segundo es el riesgo de transición que está asociado a cambios regulatorios, innovación tecnológica y cambios en las preferencias de los consumidores e inversionistas a favor de una economía baja en carbono. La exposición al riesgo varía de un país a otro dependiendo de condiciones geográficas y económicas. México es un país altamente vulnerable, con riesgo físico elevado, por su situación geográfica entre dos océanos, compleja topografía y asentamientos humanos irregulares.

A pesar de que en 2020 las emisiones de gases de efecto invernadero disminuyeron 7% por las restricciones de movilidad de la Pandemia, se volvió a romper el récord de temperatura global, con un incremento acumulado de 1.25 °C sobre el nivel preindustrial. El incremento recomendado por la ciencia para evitar consecuencias catastróficas es de 1.5 °C al final del siglo, por lo que el margen de maniobra es muy limitado.

A mayor temperatura, los impactos y el riesgo físico asociado se acentúan. Según Swiss Re, 2020 fue el quinto año más oneroso para las aseguradoras con $83 mil millones de dólares en pérdidas. El Ciclón Amphan provocó el desplazamiento de 4.9 millones de habitantes y pérdidas por $13 mil millones de dólares en la India, mientras que los huracanes en Estados Unidos y Centro América costaron $40 mil millones de dólares y 200 mil desplazamientos. Para las instituciones financieras, el riesgo físico se materializa a través de su exposición a empresas, viviendas y países que son impactados. Las aseguradoras enfrentan pérdidas y ajustan sus primas, los bancos aumentan sus carteras vencidas y los activos en zonas impactadas se deprecian.

El riesgo de transición aumenta porque cada vez son más los países que se comprometen con la neutralidad de carbono y más los consumidores e inversionistas que demandan responsabilidad de las empresas. En el primer día de su mandato, Joe Biden firmó ordenes ejecutivas para restablecer la membresía de EUA al Acuerdo de París y revertir las iniciativas anticlimáticas de Trump, mientras que Janet Yellen ofreció reforzar las políticas de riesgo climático del sector financiero. Invertirán $2 billones de dólares para financiar la transición baja en carbono y penalizará con aranceles a países contaminantes.

El riesgo climático está provocando una transformación sin precedente en los mercados de capital. Hoy es más riesgoso para los bancos y fondos de inversión financiar empresas petroleras por lo que 2021 la inversión global en energía limpia superará la de energía fósil. Esta semana, BlackRock, el fondo de inversión más grande del mundo, confirmó su compromiso con la descarbonización de activos. Otras industrias financieras, bancos centrales y reguladores en todo el mundo se suman a la tendencia.

Nuestro principal socio comercial se compromete, la industria financiera se transforma, las petroleras se reinventan y los ciudadanos demandan mayor responsabilidad. México es uno de los países más vulnerables al cambio climático, ¿Cuál será nuestra estrategia para administrar el riesgo y capitalizar la transición?

Artículo publicado originalmente en Reforma.

David Poveda