Tabasco y Biden


Escrito por Enrique Lendo, Business Development Mexico Advisor.

 


Mientras los resultados de Georgia y Arizona garantizan la victoria de Joe Biden, Tabasco adolece los efectos de la peor inundación en su historia y de la incertidumbre sobre los apoyos que permitirán recuperar su economía y viviendas. Lo que pasó en Tabasco, Chiapas y Veracruz no es resultado de lluvias atípicas, sino de la vulnerabilidad de México al cambio climático. Es irónico que siendo un país petrolero hoy el cambio climático nos cobre la factura.

De acuerdo con datos del FONDEN, 91% de los recursos autorizados por declaratoria de desastre entre 1999 y 2017, estuvieron relacionados con el clima. Si bien la vulnerabilidad depende de factores físicos, la falta planeación urbana y cultura de prevención aunada a la limitada capacidad de las autoridades para reducir y administrar sus efectos, magnifica los impactos. La suma de los daños por ciclones y lluvias entre 2002 y 2015 fueron cercanos a 18 mil millones de dólares; mientras que las inundaciones recientes superaron 200 mil damnificados y 50 mil viviendas.

México aporta menos del 2% a las emisiones globales de gases de efecto invernadero. Sin embargo, dada nuestra condición de país altamente vulnerable es imprescindible dar la señal de que estamos contribuyendo a la solución del problema. También es importante lo que ocurre en otros países, en particular los principales emisores. El triunfo de Joe Biden tiene gran relevancia porque confirma la estrategia que llevará al mundo a la descarbonización a partir del crecimiento verde.

Nunca en su historia, un presidente electo había tendido un mandato ambiental tan claro. Según una encuesta de salida, 74% de los que votaron por Biden consideraron al cambio climático como muy importante para su decisión de voto. Otra encuesta concluyó que el 67% de todos los votantes, no sólo los simpatizantes de Biden, apoyan el incremento de inversión pública en energía limpia y renovable.

Es en este contexto que Biden propone un “Pacto Verde” que llevará a EUA a la neutralidad de carbono en 2050 y a su sector eléctrico a ser libre de emisiones en 2035. Para lograrlo, invertirán $2 billones de dólares de fondos públicos que apalancarán $5 billones adicionales del sector privado y gobiernos locales, así como 10 millones de empleos. Además, EUA regresará al Acuerdo de París y penalizará con aranceles a los países contaminantes.

Con los resultados electorales en EUA ya no hay duda de que las preferencias de ciudadanos, consumidores e inversionistas favorecen de forma creciente la descarbonización y el crecimiento verde. Días antes de las elecciones, China, Japón y Corea se sumaron a la Unión Europea con metas de neutralidad de carbono a mediados de siglo. Con un compromiso de neutralidad de carbono de EUA en puerta, más del 60% de las emisiones globales serán neutras al 2050. En el ámbito privado la historia no es diferente; el valor de las empresas petroleras en el índice S&P 500 ha caído del 15 al 3% en sólo una década, pronosticando su eminente extinción.

Siendo EUA el principal socio comercial de México, las oportunidades para desarrollar nuestro potencial de crecimiento bajo en carbono son más atractivas que nunca. Desde el fomento de inversiones en producción de energía limpia para abastecer mercados internos y binacionales, la maquila de bienes y tecnologías para satisfacer la demanda creciente de energía renovable en EUA, hasta el desarrollo de proyectos de captura de carbono en los sectores forestal y agrícola para compensar emisiones, las posibilidades son ilimitadas. Hoy México se encuentra frente a las condiciones económicas y geopolíticas que definirán el futuro.

Artículo publicado originalmente en Reforma.

David Poveda