Hacia un aceite de palma sostenible


Escrito por Asier Aramburu Santa Cruz, Climate Change RENEN Manager


Gracias al proyecto para la captura de metano, desplazamientos de combustibles fósiles y cogeneración de energía renovable que ALLCOT desarrolla actualmente en Colombia, la industria palmera puede ser una gran aliada en la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero. Aunque pueda parecer que la mayor acción que puede realizar esta industria es el buen manejo de sus plantaciones y las políticas de no deforestación que lleve a cabo, en el propio procesamiento del fruto para obtener el aceite, se pueden implantar diversas medidas que aseguren un producto más sostenible. Así, en Colombia se ha logrado convertir un problema, la gestión de residuos, en una oportunidad. Las aguas residuales industriales del proceso productivo tienen una alta carga orgánica y precisan de un tratamiento para poder verterlos a un medio acuático. Este tratamiento se realizaba mediante el uso de lagunas anaerobias, que emitían grandes cantidades de metano a la atmósfera, un gas con un potencial de calentamiento global 25 veces mayor que el CO2.

Sin embargo, se encontró una solución que reporta diversos beneficios: el uso de biodigestores. Gracias a estas instalaciones, se están reduciendo las emisiones de metano por medio de la captura del biogás, nombre que se da a la mezcla gaseosa rica en metano que se produce en el proceso de tratamiento de las aguas residuales.

Aunque unas pocas plantas están aprovechando este biogás para generar energía, la segunda fase del proyecto contempla la adopción de esta forma de generación de energía eléctrica. Así, en lugar de la quema en tea, el destino actual de la mayoría del biogás generado, las empresas asociadas al proyecto podrán adoptar la tecnología que les permita usar ese metano como energía. De esta forma, pueden pasar a ser autosuficientes y sus excedentes energéticos entregarlos a la red eléctrica, lo que a su vez desplazaría la generación de energía por medio de combustibles fósiles, incrementando el potencial de mitigación del cambio climático del proyecto.

ALLCOT llega en un punto clave, ya que la industria precisa de una actualización del documento de diseño o Project Design Document (PDD) entregado inicialmente al organismo de las Naciones Unidas encargado del registro de estos proyectos de desarrollo limpio, la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC). Pero el paso más importante y el mayor reto es la primera verificación de las reducciones para poder obtener los bonos de carbono, lo que permitirá certificar por primera vez las reducciones que ya se han realizado. ALLCOT tiene también el reto de demostrar el potencial y los beneficios del proyecto, de forma que se logre la adhesión del resto de productores y se consiga transformar esta industria. Además, el éxito de este proyecto no solo tiene importancia en la adhesión del resto de actores, sino que también en el desarrollo de otras iniciativas dentro del proceso productivo, como puede ser el compostaje de los lodos y los residuos del proceso productivo (cáscaras, etc.), que emiten también grandes cantidades de gases de efecto invernadero en su proceso de descomposición.

Para ello no solo se está trabajando en los cálculos de las reducciones y en la elaboración de la documentación, sino que se está realizando el proceso haciendo participe a los participantes del proyecto con visitas a las empresas productoras que ya han puesto en operación el proyecto de reducción de emisiones.

 La industria del aceite de palma es actualmente líder a nivel mundial en la provisión de aceites y grasas. A la cabeza de su producción se sitúan los países asiáticos, liderados por Indonesia y Malasia, que han logrado un crecimiento vertiginoso de su producción en las últimas décadas hasta llegar a una producción conjunta de 59.000.000 toneladas (82,5% del total). Sin embargo, este crecimiento ha recibido múltiples críticas a nivel internacional, ya que en parte se ha obtenido a costa de la destrucción de bosque natural.

En el caso de Colombia, en un campo dominado por productores asiáticos, ha conseguido situarse como el primer productor de aceite de palma en América y el cuarto en el mundo, con más de 1.600.000 toneladas.

Por tanto, gracias a este proyecto, la industria palmera colombiana tiene la oportunidad de mostrar su grado de compromiso con el desarrollo sostenible, diferenciarse del resto de productores y alinearse con los objetivos comprometidos en el Acuerdo de París.

Monica de Oliveira