Reforestar el Amazonas como una solución clave a la crisis climática.


Escrito por Mercedes García, Climate Change and Sustainability Manager


Entre el 1 de enero y el 18 de agosto de 2019 los incendios forestales han aumentado un 83% respecto al mismo periodo de 2018 según el Instituto Nacional de Investigación Espacial de Brasil (INPE). Acorde a las imágenes satelitales del INPE, se produjeron más de 70.000 focos, de los que más de la mitad se localizan en la región amazónica. Sin embargo, los incendios no son los únicos elementos que están devastando la selva amazónica, la deforestación ha alcanzado su nivel más alto de los últimos 10 años. 

Según el último estudio publicado en la revista Science, «plantar miles de millones de árboles en todo el mundo sería la forma más económica y efectiva de enfrentar la crisis climática«. En el mismo estudio se confirma que “un programa de esta escala podría eliminar aproximadamente dos tercios de las emisiones de dióxido de carbono (CO2) causadas por las actividades humanas desde el comienzo de la revolución industrial”. Teniendo en cuenta que hasta un 20% de las emisiones anuales de GEI proceden de actividades de deforestación, el impacto de gestionar adecuadamente dichas actividades podría implicar una reducción de más de un millón de toneladas de CO2e (estudio publicado en Global Change Biology, realizado conjuntamente con científicos del Global Forest Watch del World Resources Institute (WRI).

Sin embargo, para muchos propietarios de pequeños terrenos de tierra en países en vías de desarrollo, no es rentable mantener una pequeña plantación de árboles. Sin políticas de ayudas, financiación o concienciación, estos pequeños propietarios elegirán seguir talando los árboles para permitir entrar el ganado en su propiedad antes que conservar el bosque en su estado natural o reforestar el degradado. Este es el punto clave en el que se debe trabajar, y por eso los proyectos REDD generadores de créditos de carbono son tan beneficiosos para la sociedad y para la lucha contra la crisis climática.

Pero ¿en qué consiste exactamente el mecanismo REDD? Para entender el mecanismo es necesario remontarse al año 2005 cuando un grupo de países liderado por Papua Nueva Guinea, consiguió que se hablara de deforestación evitada en la Conferencia de las Partes, celebrada en Montreal (COP 11). Desde ese momento la discusión sobre el rol de los bosques en la lucha contra el cambio climático volvió al debate internacional y fue dos años después, en Bali, cuando la CMNUCC reconoció la reducción de emisiones por deforestación y degradación de los bosques (REDD) como un mecanismo válido en la lucha contra el cambio climático. 

Según el Plan de Acción de Bali firmado por las Partes en aquella conferencia, se denomina REDD + a la reducción de emisiones derivadas de la deforestación y degradación forestal; además de la conservación, gestión sostenible y mejoramiento del stock de carbono de los bosques en los países en desarrollo. Se trata de un mecanismo más complejo que un proyecto de mitigación de emisiones de GEI del tipo MDL dado que es necesario trabajar la gobernanza forestal asegurando los derechos de las comunidades locales y los pueblos indígenas dependientes de los bosques. Sin embargo, el resultado es que el mecanismo REDD permite conservar un bosque de una manera inmediata y rentable. El mecanismo REDD se basa en calcular (usando metodologías internacionalmente aceptadas) la cantidad de carbono que se deja de emitir, y convertirla en un crédito de carbono “carbon-offset”.

Estos créditos se venden a grandes empresas que requieran compensar las emisiones de GEI de sus actividades, y parte de los ingresos obtenidos se reinvierte en las comunidades locales para contribuir al desarrollo económico local. Existen ejemplos de iniciativas exitosas en numerosos países, y la reinversión de esos beneficios han permitido actividades tan beneficiosas para la sociedad como por ejemplo la creación de cooperativas para comercio local, conversión de los “taladores ilegales” en agentes forestales de protección, refuerzo de infraestructuras como escuelas y hospitales, distribución de sistemas de potabilización de agua o de cocinas eficientes que reducen el consumo de biomasa.

La lucha contra la crisis climática no es fácil ni barata, pero más difícil y caro será enfrentarse a las consecuencias de no hacerlo, y el mecanismo REDD puede configurarse como uno de los motores más sostenibles, rentables y beneficiosos a corto y medio plazo para enfrentarnos a la crisis climática.