Un comienzo más verde para el mundo


Written by Alexis Leroy, CEO ALLCOT


La pandemia de coronavirus ha sido una enorme llamado de atención para el mundo. En poco más de un mes, grandes sectores de la economía han cerrado o se han visto disminuidos significativamente. El transporte aéreo es prácticamente inexistente, el transporte privado es tan solo una sombra de lo que era antes, y el comercio minorista ha cerrado casi por completo sus puertas.

El estar aislados en casa nos ha dado a todos la oportunidad de considerar a todo lo que hemos renunciando, qué elecciones se escapan a nuestras manos e incluso si elegiríamos las mismas cosas una vez se levanten las restricciones. El encierro también se ha convertido en una fuente de ideas sobre cómo podemos aprovechar esta oportunidad para reconstruir nuestras economías de una manera más sostenible.

Para ser honestos, ya están sobre la mesa algunos planes para un futuro sostenible. En EE.UU., el Nuevo Trato Verde recuerda el plan del Presidente Roosevelt de recuperar al país de la Gran Depresión en los años veinte. La versión del siglo XXI se centró en el cambio climático, el mayor desafío de nuestro tiempo, así como la desigualdad social y económica. 

En Europa, la Comisión elegida recientemente presentó su propio Pacto Verde el año pasado, que es incluso más ambicioso que su homólogo estadounidense. El plan de la UE busca dar un giro a toda la economía del bloque, volviendo a centrarse en sostenibilidad, el clima, las medidas de transición para diversificar y modernizar la economía además de ofrecer oportunidades para todos. Las propuestas de ambos lados del Atlántico se acoplan perfectamente a nuestros tiempos, ya que se enfrentan a «la más rápida y profunda conmoción económica de la historia». Mucho se ha  reflexionado entorno a esta temática.

Lo mismo para Asia, la pandemia representa una oportunidad de embarcarse en la mismo cambio, lejos de imitar a Occidente y hacia una más sostenible y autosuficiente modelo económico. De hecho, puede ser la única esperanza de Oriente, si las propuestas que leemos hoy en día se ponen en práctica en otros lugares.

El modelo económico liberal basado en el mercado ha existido desde hace unos 300 años. La globalización fue el último gran avanze desde la perspectiva del neoliberalismo, y la rápida expansión del coronavirus por todo el mundo es la advertencia de que no podemos continuar de esta forma. La economía que evolucionó en el siglo XVIII se acopló al mundo que percibía. No experimentó, como lo hacemos hoy, el inmenso impacto de la industria y los negocios en nuestra tierra y nuestro clima. 

La contaminación y la escasez de recursos no eran considerados un problema hace 300 años, y todos nuestros esfuerzos desde entonces han sido demasiado modestos, demasiado parciales, y han sido en gran parte relegados por los intereses de los modelos de negocios del viejo mundo. Sin embargo, hoy en día, entendemos cómo nuestro modelo económico impacta en nuestra salud, en nuestro bienestar. Podemos cuantificar los efectos nocivos de la contaminación del aire, así como podemos cuantificar el costo de los desastres naturales.

Con todo este conocimiento y comprensión, obtenido a través de los inmensos avances tecnológicos de los últimos 50 años, tenemos la oportunidad de establecer un nuevo curso para las próximas décadas.

¿Qué se debe hacer?

A nivel macroeconómico, el mundo necesita comprometerse, una vez más y con mayor fuerza, a los propósitos del Acuerdo de París y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Necesitamos que los gobiernos se alineen a estos objetivos, para hacer compromisos ambiciosos, creíbles y alcanzables, y trazar el camino hacia la consecución del premio mayor.

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) tienen un objetivo simple: «un proyecto compartido de paz y prosperidad para la gente y el planeta, ahora y en el futuro». Consisten en 17 metas, entre las que se incluyen: la reducción de la desigualdad; el agua potable y el saneamiento; la acción en favor del clima; el consumo y la producción responsables, y reducir el hambre a cero. Todos estos objetivos pueden alcanzarse con un enfoque reflexivo que permita reconstruir la economía que compartimos.

A su vez, gracias a la tecnología y la comprensión, el progreso hacia los ODS puede ahora ser cuantificado. La salud, la educación, las oportunidades económicas, las sociedades estables e incluso la igualdad de género pueden medirse y evaluarse. Además, esta cuantificación de logros puede ser ahora recompensada. Por primera vez en nuestra historia económica, los impactos intangibles se están convirtiendo en elementos tangibles en los estados financieros. Esfuerzos como el del Grupo de Trabajo de Divulgación Financiera Relacionada con el Clima están moviendo lentamente la aguja para llevar las problemáticas externas—como los gases de efecto invernadero— a la esfera de los costos reales. De la misma manera, mejorar nuestra salud, seguridad y prosperidad colectivas también representada una recompensa en tanto a la disminución de costos externos —como las emisiones de carbono y pérdidas de negocios—, así como en la reducción del costo humanos.

El Acuerdo de París tiene un simple objetivo, tan solo uno: asegurar que a mediados de siglo todas nuestras emisiones de gases de efecto invernadero se equilibren con pozos que absorban esos mismos gases. De nuevo, este es un objetivo que podemos alcanzar si planificamos cuidadosamente y ponemos en marcha el trabajo, la inversión y la investigación para hacerlo realidad.

¿Qué ganaremos?

Empezaremos a restaurar nuestro clima a un estado en el que  los eventos climáticos catastróficos no son «normales», donde la deforestación no despoja a los pueblos y especies de su hogar, donde el estrés hídrico no provoca migraciones masivas.

A nivel nacional o incluso multinacional, ¿cómo podemos hacer los cambios que el futuro nos exige?

Una reconstrucción ecológica

A medida que salgamos de la sombra de Covid-19, las economías necesitarán ayuda del gobierno para volver a empezar. Ya hemos visto miles de millones de dólares, euros y libras gastadas para ayudar a los comercios y a la población a superar el encierro. Y veremos miles de millones más gastados para ayudar a las empresas a reconstruir y reiniciar sus operaciones. Debemos asegurarnos de no centrarnos en la supervivencia a corto plazo, sino en la sostenibilidad a largo plazo.

Si bien defendemos la independencia del sector privado, cuando se trata de recibir asistencia financiada por el sector público, se debe exigir al sector privado que siga la política pública. En lugar de gastar el 90% de la asistencia en apoyar los modelos de negocio existentes, ¿no deberían nuestros líderes procurar que nuestra economía sea más resiliente?

La asistencia financiera debe establecer condiciones. Se debería exigir a las  industrias que hagan mejoras y cambios en sus procesos en línea con los ODS. Por ejemplo, a una fábrica que actualmente compre energía a una planta de gas, si desea recibir ayudas por parte del gobierno se le debería exigir que compre energía renovable, una solución simple y factible que no tenga ningún costo adicional.

Se debería exigir a los fabricantes que utilicen envases reciclables, que se aseguren de que los productos sean reciclables o reutilizables y que sus procesos sean lo más limpios posible. Los reglamentos podrían ser más estrictos para exigir que los productores asuman la responsabilidad legal de todos los desechos asociados con sus productos.

Las empresas comerciales deberían reexaminar sus prácticas y ver cuánta flexibilidad pueden incorporar a sus operaciones. Durante la pandemia hemos visto una explosión en el uso de la videoconferencia para mantener los vínculos sociales. Millones de personas han estado trabajando eficazmente desde casa, en lugar de desplazarse a las oficinas. ¿Necesitamos todos, como empleadores y empleados, desplazarnos hasta las oficinas que utilizan aún más recursos?

En lugar de las cadenas de suministro mundiales, se debería alentar a las empresas a que busquen  materiales y suministros locales, reduciendo así las emisiones y la contaminación del transporte, apoyando además a la comunidad local y su economía.  ¿Y necesitamos viajar tanto por negocios o por placer? Ya hay una creciente conciencia del impacto que nuestros hábitos de viaje tienen en el medio ambiente y el clima, pero la recuperación de este cierre global ofrece una verdadera oportunidad para dejar de lado los viajes innecesarios.

El cambio ecológico personal

Por último, ¿cómo podemos usted y yo, como individuos, traducir estos objetivos en acción práctica? 

Como consumidores, podemos hacer elecciones más responsables y cuidar nuestros resultados. Cuando compramos, debemos comprar de manera responsable: ¿los productos son reutilizables, reciclables y reutilizables? ¿Nuestros productos necesitan siquiera un embalaje?

Cuando consumimos, ¿consumimos más de lo que necesitamos? ¿La electricidad, el gas y los recursos que utilizamos proceden de fuentes renovables o nos basamos en recursos finitos como el petróleo o el carbón? ¿Necesitamos conducir todos los kilómetros que recorremos? ¿Es necesario tomar ese vuelo? ¿Estamos iluminando y calentando nuestras casas de manera responsable?

Los productos alternativos ya existen para muchos de nosotros, como todos sabemos. Pero, lo más importante es que también existen opciones alternativas. Es hora de que comencemos a ejercer con más fuerza nuestro poder de elección y, como individuos y consumidores, aumentemos la presión sobre las empresas, los responsables de la formulación de políticas y entre nosotros mismos para pensar en el impacto que tenemos en nuestro hogar.

Conclusión

El modelo económico de libre mercado que nació en el calor de la Revolución Industrial, y que ha durado 300 años, no es adecuado para el siglo XXI y los desafíos que presenta. No debemos insistir en volver a los negocios como de costumbre.

Por lo tanto, hacemos un llamado a las empresas de todo el mundo para que reconozcan que la reconstrucción de nuestras economías a raíz de esta pandemia no puede simplemente devolvernos a la forma en que estaban las cosas antes. El sector privado debe aceptar su papel histórico para llevarnos a este punto, y asumir tanto la responsabilidad como la oportunidad de solucionar nuestros problemas, incluso cuando el gobierno tarde en actuar.

Monica de Oliveira